El mundo se ve hermoso sin el hombre, avanzando sin
modelajes, sin adaptaciones. La sabia naturaleza renueva sin descanso, crea
formas nuevas, destruye el pasado. La soledad me va condenando a observar la
hermosura de un planeta renovado, y me pregunto por qué soy yo el espectador de
esa belleza, por qué la vida me ha dado el sinsentido y ha cambiado vivir por
sobrevivir como derecho obligado. La soledad me ha regalado la obligación de
permanecer con vida, de buscar el sentido a esta locura sin salida, para
justificar mi propia existencia como el futuro de una especie. Yo lo veo así,
no puede haber sentido alguno de supervivencia cuando sabes que estás sólo en
el mundo, sin recursos ni derechos.
Todo empezó a deshacerse
cuando mi conciencia tomó forma y supe qué esperaba de mi vida la naturaleza.
Vivir hasta parecer, nacer para morir, ver morir tu especie, subsistir
como se puede.
Saber que el mundo está en
silencio para siempre duele; ver como mi vida ya no vuelve, que hasta mi
soledad se desvanece. Y sólo el tiempo es dueño y testigo de todo el sentido
que implica vivir solo en este abismo.